Día con día, con cada paso, con cada suspiro perdemos un poco mas de vida. Este tiempo que no tendremos de vuelta jamas, esas sonrisas que nos guardamos y permanecerán en el almacén del olvido dentro de nuestros corazones, donde no sirven de nada. Sonrisas que podrían haber salvado otras vidas, que nos traerían un momento agradable en esas noches de soledad que nos arrastran a la nostalgia.
Nos estamos muriendo, los vivos son los que mas veces mueren. La abuela, la prima, el tío, el gran amigo de la familia. Sin orden y con motivos que no entendemos, van cayendo, se van yendo, arrancándonos un poco de vida, quizá para que les ayude a llegar a su destino, si es que se puede llegar a algún lado al terminar este ciclo.
Nos morimos cada vez que nuestro corazón se contrae de tristeza cuando buscamos esos brazos y esa mirada que no volveremos a sentir. Cada vez que rogamos al silencio que nos permita escuchar esas voces que se pierden en el ayer. Que creemos escuchar por la calle, engañados por nuestro anhelo.
Me muero. Me muero cada noche como ésta, en la que el miedo me arrastra hasta lo mas oscuro y siniestro de mis pesadillas. Y es inevitable. Llorare por ellos o ellos lloraran por mi. No lo sabemos hasta que suceda, sin embargo ambos lado estaremos muriendo.
sábado, 6 de noviembre de 2010
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